Cuba-EE.UU.: Nuevos pasos en un largo camino

Tercera ronda de conversaciones entre Cuba-EE.UU.

Por Roberto García Hernández* – La Habana (PL) La tercera ronda de conversaciones entre Cuba y Estados Unidos el 21 de mayo provoca expectativas en la opinión pública internacional, mientras las autoridades de los dos países advierten que existen avances, pero que el proceso de acercamiento será lento.

El subdirector general de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores, Gustavo Machín -en una declaración publicada ayer en el sitio digital de esa entidad-, se mostró optimista sobre las perspectivas de los nuevos contactos.

Según Machín, los progresos en las gestiones para reanudar los servicios bancarios de la Sección de Intereses de Cuba en Washington, pueden crear un contexto bilateral y regional apropiado para avanzar hacia el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y la apertura de las Embajadas.
El 17 de diciembre pasado el presidente cubano, Raúl Castro, y su homólogo estadounidense, Barack Obama, informaron a la opinión pública mundial la decisión de restaurar dichos vínculos y abrir las representaciones en ambas capitales luego de más de 50 años de ruptura.

Las autoridades de la isla caribeña reiteran que ese sería solo un primer paso y que el principal obstáculo hacia la normalización es el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Washington hace más de medio siglo.

Esta medida, condenada anualmente desde 1992 por la Asamblea General de Naciones Unidas, ya costó a la parte cubana más de un billón 112 mil 534 millones de dólares.

Otro de los asuntos pendientes es que Estados Unidos devuelva a Cuba el territorio ocupado por la base naval de Guantánamo, pero las pláticas más inmediatas entre ambas partes no tendrán estos temas en el centro de la agenda, de acuerdo con declaraciones de los dos gobiernos.

En general, los encuentros sucesivos entre delegaciones cubanas y estadounidenses provocaron una explosión del interés de sectores de negocios, la cultura, la ciencia y líderes políticos estadounidenses que tienen la vista puesta en las perspectivas a mediano y largo plazos.

Entre enero y abril de este año visitaron La Habana numerosas delegaciones, entre ellas la que presidió en febrero la líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, integrada por un nutrido grupo de sus colegas.

Una connotación similar tuvo la presencia aquí en abril de la comitiva de hombres de negocios, científicos y expertos en comercio que encabezó el gobernador del estado de Nueva York, Andrew Cuomo.

En ese contexto, por primera vez en más de medio siglo, cuatro empresas norteamericanas recibieron permiso del Gobierno federal para ofrecer servicios de ferry entre Estados Unidos y Cuba.

Este hecho tuvo una amplia cobertura mediática y suscitó interés de la opinión pública, sobre todo en el estado de Florida, desde cuyo territorio partiría este nuevo servicio.

Los departamentos del Tesoro y de Comercio comunicaron la decisión a las compañías Havana Ferry Partners, de Fort Lauderdale; Baja Ferryes, de Miami; United Caribbean Lines Florida, de Orlando; y Airline Brokers Co., de Miami y Fort Lauderdale.

Estas embarcaciones podrán llevar a la mayor de las Antillas a estadounidenses autorizados dentro de las 12 categorías que no necesitan una licencia por adelantado para visitar la isla, pues el turismo hacia acá está prohibido por las leyes norteamericanas.

Esto fue recibido con alegría por los empresarios, así como por los futuros clientes y una buena parte de los medios de comunicación floridanos, lo cual constituye un paso de avance, aunque ligero, hacia el aumento de los intercambios entre ambos pueblos.

Sin embargo, expertos en el tema advierten que esta actividad afrontará serios obstáculos antes de materializarse. La razón principal es el bloqueo, cuya derogación pidió al Congreso estadounidense hasta el propio Obama.

Hasta la fecha, apenas existe la autorización inicial de la Casa Blanca, pero las actividades de esas navieras pudieran estar limitadas por las restricciones de los departamentos de Seguridad Nacional y de Estado, junto a las de otras entidades y agencias federales.

Especialistas citados por medios de prensa de Florida coinciden en que esto puede mediatizar y dilatar el proyecto, aunque finalmente pueda concretarse.

Además, faltan detalles adicionales como los necesarios acuerdos con la parte cubana y la implementación de la logística para estas actividades.

Por estas y otras muchas razones, la idea de establecer una línea de ferries fue acogida con mesurado optimismo por algunos en Estados Unidos, quienes han visto en varias ocasiones cómo sus proyecciones de negocios con la isla se frustraron, o quedaron pospuestas, debido a la omnipresencia del bloqueo.

No obstante, los empresarios y los futuros clientes no cejan en sus empeños y sostienen que harán lo posible por materializarlos, convencidos de que los esfuerzos principales deben apuntar hacia la eliminación de las obsoletas sanciones unilaterales.

Otro punto fundamental en la dinámica de los vínculos entre Washington y La Habana es la permanencia de Cuba en la lista de países que, según el departamento de Estado, patrocinan el terrorismo, y en la que -de acuerdo con autoridades cubanas- nunca debió estar incluida la nación caribeña.

El 14 de abril Obama notificó al Congreso la decisión de excluir a la isla de esa denominación, pero el Legislativo dispone de 45 días para expresar su criterio al respecto, plazo que expira el 29 de mayo, sin que la ultraderecha anticubana pueda hacer algo en contra, por falta del consenso que necesitan.

Si se revisan las declaraciones de los principales líderes políticos y empresariales estadounidenses que estuvieron en suelo cubano en los últimos meses se destaca un común denominador: los frutos del reacercamiento bilateral solo serán posibles cuando el bloqueo sea derogado.

Obama cuenta con amplias facultades ejecutivas para “vaciar” una buena parte de esas restricciones mediante licencias específicas u otras acciones, de acuerdo con Josefina Vidal, Directora General de Estados Unidos de la cancillería cubana.

A pesar de la decisión expresa del jefe de la Casa Blanca de hacer realidad el nuevo curso de los vínculos bilaterales, hasta la fecha no ha usado a fondo esas prerrogativas, y solo adoptó decisiones que, aunque van en la dirección correcta, son de menor importancia.

En este contexto, los sectores más recalcitrantes -y a la vez minoritarios- dentro del Capitolio iniciaron una campaña dirigida a echar por tierra estas proyecciones del gobernante respecto al vecino caribeño.

Tal es el caso del reciente proyecto del legislador republicano Mario Díaz-Balart, de conocidas posiciones anticubanas, que intenta limitar la expansión de los servicios de transporte aéreo y marítimo hacia Cuba, uno de los aspectos que más interés despierta en amplios sectores de la vida económica y política de Estados Unidos.

De ser aprobada tal iniciativa -contraria a las posturas de una inmensa mayoría que quiere un cambio-, limitaría los vuelos regulares a la isla y la obtención de licencias para embarcaciones comerciales.

Esta medida -para algunos una acción desesperada y con pocas posibilidades de éxito-, entra en conflicto con las proyecciones de la administración Obama.

Al respecto, Barbara Lee, representante demócrata por California, dijo que la propuesta de Díaz-Balart no solo era “inapropiada”, sino que también pondría a quienes la apoyen del lado equivocado de la historia.

Necesitamos una política del siglo XXI y no volver a estrategias de la Guerra Fría; tenemos que reconocer que estamos en 2015, no en 1959, agregó la legisladora.


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