Venezuela en la mira

Foto: TELESUR

Por:  Desde el mismo año 1999, cuando Hugo Chá­vez se postuló a la Presidencia de Ve­ne­zuela, se puso en movimiento la maquinaria de la comunicación mundial con su centro de mando en Washington para deformar y tratar de desprestigiar lo que consideraban “una influencia negativa” según los términos utilizados por Condolezza Rice. Pero no solo se desplegaron gigantescas campañas dirigidas a presentar a Hugo Chávez como “un tirano”, sino que se promovieron golpes de Estado y otras acciones violentas dirigidas a derrocar el gobierno bolivariano. Todas esas acciones fueron derrotadas limpiamente por el pueblo venezolano.

Pero, como lo sabe muy bien el pueblo cubano por experiencia propia, el imperialismo norteamericano y sus agentes internos no re­nuncian a su ambición de dominio mundial y regional. La doctrina del destino manifiesto se ha enquistado en la mentalidad de los círculos dirigentes norteamericanos y se mantiene tan vivamente como en los días de John O´Sullivan, quien formulara esa expresión ya a mediados del siglo diecinueve, cuando co­menzaba la expansión imperial norteamericana.

En el caso de Venezuela, han diseñado una política que se despliega en dos direcciones: provocar la desestabilización interna y aislarla internacionalmente. Han fracasado y siguen fracasando, pero no renuncian a tales planes.

En estos días, como parte de su política de de­sestabilización, un diario norteamericano pu­blicó “una noticia”, según la cual Diosdado Ca­bello estaría siendo investigado por tener vín­culos con el narcotráfico colombiano. Inmediatamente la información fue repetida en centenares de periódicos y otros medios de comunicación en todo el mundo. Así es como opera el poder mediático imperial. Una vez pu­blicada una información como esta, falsa de toda falsedad, se difunde por todo el mun­do. Pero ¿qué puede hacer la víctima? Des­men­tirla, por supuesto. ¿Pero acaso el des­men­tido repara el daño así infligido? ¿Tiene la misma difusión que el infundio? “Miente que algo queda” parece ser la enseña que guía a es­ta canalla mediática.

Ahora bien, aquí no solamente estamos an­te una acción miserable contra una persona. La acción está dirigida contra una nación. Con­tra Venezuela.

Diosdado Cabello es uno de los principales dirigentes bolivarianos. Acom­pa­ñó a Hugo Chávez desde los mismos días en que cursaba estudios en la Academia Militar y formó parte del amplio movimiento de jóvenes de la fuerza armada venezolana que, junto al líder de la revolución bolivariana, insurgió contra la llamada cuarta república. Desde el triunfo electoral de Hugo Chávez en 1999, ha ocupado distintas posiciones de dirección en la primera línea. Esto lo convierte en un blanco apetecible para las campañas de desprestigio con las cuales se busca desmoralizar al pueblo venezolano y, al mismo tiempo, presentar a Venezuela como un país dirigido por narcotraficantes. De allí a cualquier intervención, habría un solo paso.

Los gobernantes de grandes imperios suelen perder de vista las realidades que los circundan. En este caso se encuentra el presidente Obama con su orden ejecutiva del 9/3/2015 la cual, entre otras cosas establece que: “… la situación en Venezuela…  constituye una inu­sual y extraordinaria amenaza a la seguridad na­cional y política internacional de los Es­ta­dos Unidos  de América, y por ende declaro una emergencia nacional para tratar con esta ame­naza”. ¡Una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de la mayor po­tencia económica y militar del mundo! Nada más y nada menos.

No está de más se­ñalar que esta orden está formulada como una ley y, como se sabe, las leyes son de obligatorio cumplimiento, al menos para quien las promulga.

Algunos han criticado esta orden ejecutiva como “exagerada”. Esto significaría que si no fuera “exagerada” tal vez sería ¿admisible?

El problema radica en que la soberanía es un principio establecido como guía elemental de las relaciones internacionales en el mundo moderno sustentado en la igualdad de las naciones. En fin de cuentas, el objetivo imperialista consiste en desprestigiar el liderazgo bolivariano y, con ello, neutralizar el liderazgo que Venezuela ha venido desplegando en el esfuerzo por la integración suramericana y caribeña, y en la creación de nuevas instituciones que, como ALBA y Unasur, identifican los intereses específicos de nuestros pueblos, sin la mediatización que ha padecido una organización como la OEA, negación histórica del proyecto bolivariano planteado desde los tiempos del Congreso Anfictiónico de Pa­na­má­.

Diosdado Cabello simboliza hoy la lucha del pueblo venezolano por su independencia, por las transformaciones que inició Hugo Chávez y la continuidad de la política bolivariana por la integración de Nuestra América.

*Embajador de la República Bolivariana de Venezuela en la República de Cuba.


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