El derecho al pataleo

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Por: Lillian Lechuga – Cuba puede exhibir un rico expediente de lucha contra el terrorismo porque ha sufrido en carne propia esa violencia indiscriminada con la muerte de miles de sus hijos.

En reiteradas ocasiones se le han entregado pruebas al gobierno de Washington de actos terroristas contra esta Isla ideados e instrumentados en territorio norteamericano. La Habana ha ratificado instrumentos internacionales para combatir el terrorismo. Ha cooperado con el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y el Comité Antiterrorista al presentar informes, proponer candidatos y ofrecer cooperación técnica y de personal a ese comité, y ha apoyado las negociaciones de la Convención General contra el terrorismo.

Todas esas razones demuestran lo injusto que resultaba mantener a Cuba en una lista en la que para nada le correspondía aparecer. Pero finalmente, triunfó la firme posición que mantuvo el gobierno de La Habana que con gran paciencia, seguro de su razón, logró el reconocimiento de semejante aberración.

Esto es solo una muestra de que es posible establecer diálogos. Nada lo impide. Solo que intenten irrespetar la soberanía e independencia cubanas. Cuba respeta las de Estados Unidos.

Lo mismo sucede con el bloqueo que solo se explica por la influencia que durante muchos años han ejercido los elementos más reaccionarios para quienes la Revolución resulta algo así como una espina clavada en la garganta. A base de esa política mafiosa han mantenido las posiciones que le han permitido gozar de grandes fortunas.

En la década del 90 enemigos de las relaciones normales con Cuba esgrimían la risible afirmación de que Cuba era una amenaza militar para Estados Unidos. Pero en 1999 el Pentágono anunció que “Cuba no es una amenaza militar para Estados Unidos o para cualquier otro país de la región”.

A lo largo de los años se han percibido algunas señales por parte de las máximas autoridades de Estados Unidos de discutir esta situación anómala.

En aquellos tiempos incluso “veinticuatro senadores republicanos y tres ex secretarios de Estado –Henry Kissinger, Laurence Eagleburger y George Shultz– le pidieron al gobierno de Clinton que analizara con personalidades de los dos partidos la situación existente para buscar un diálogo con Cuba”.

En marzo de 2001 ex diplomáticos del Partido Republicano anunciaron el establecimiento de una Fundación de Política sobre Cuba para que se termine el bloqueo económico. Era una fundación no partidista que intentaría educar a los norteamericanos sobre las razones por las que se debe poner fin al bloqueo que “ ha dañado a la economía de Estados Unidos y sus intereses nacionales” según expresó la presidenta Sally Grooms Cowal. “Nuestros negocios, ciudades y puertos pierden millones de dólares cada año debido al embargo mientras las familias de Estados Unidos y Cuba se mantienen separadas”, expresó Cowal, una diplomática de más de veinte años de experiencia en el Departamento de Estado en administraciones republicanas. “Este es solo uno de múltiples ejemplos que los grupos anticubanos frustraron para resguardar sus privilegios económicos y políticos.” (Carlos Lechuga Hevia, inédito)

Este es otro ejemplo, existen muchísimos más que en aquellos años y ahora abogan en el Congreso a favor de normalizar relaciones.

Pero ya parece haberle llegado la hora al lobby de emigrantes cubanos –que representa solo a una minoría de los cubanos que viven en territorio norteamericano– de perder influencia para obtener sus propósitos que consistían en impedir un arreglo entre los dos países perjudicando los verdaderos intereses de ambos pueblos.

Hoy, después del 17D, los dinosaurios ejercen su derecho al pataleo. Por ejemplo, el legislador de origen cubano Mario Díaz Balart, miembro de esa familia tristemente célebre, propone un proyecto de ley que reduce “inversiones críticas en materia de transporte y seguridad”, pero la Casa Blanca “se opone con firmeza” a la aprobación de ese proyecto que “incluye provisiones altamente cuestionables, entre ellas medidas que restringirían viajes a Cuba. Según informaciones de agencias, en caso de que el presidente Obama reciba esa ley, “ sus asesores especiales recomendarán que el Presidente aplique el veto” pues restringirían vuelos y barcos a la Isla. También en la Cámara de Representantes se alzan voces que piden prohibir financiación para una embajada u otras oficinas en Cuba.

Nada, lo dicho, el derecho al pataleo ante los nuevos acontecimientos.


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