Estados Unidos exportador de la subversión

CIA+logoArthur González – Desde 1963 el gobierno de Estados Unidos inició una cruzada contra Cuba acusándola de exportar la Revolución, proponiendo aplicarle múltiples sanciones a nivel regional y mundial.

El presidente de Venezuela por esos tiempos era Rómulo Ernesto Betancourt Bello, el primero que se prestó para denunciar el 28.11.1963 un “escondite” con armas en las costas de la península de Paraguaná, las que según sus órganos de inteligencia procedían de Cuba, a pesar de las mismas eran de fabricación Norteamérica de última generación y por tanto imposibles de adquirir por el Gobierno cubano, debido al “embargo” impuesto por la Casa Blanca.Según las declaraciones del presidente venezolano, las armas perseguían la intensión de emplearse en una guerrilla, que pretendía tomar el poder en Caracas antes de las elecciones del 1ro de diciembre de ese año.
Eso sirvió de pretexto para que el Departamento de Estado de Estados Unidos, informara el 16.12.1963 la decisión aprobar una enmienda a su política marítima hacia Cuba, con el objetivo de reducir aun más el número de buques que arribaran a puertos cubanos.

El propio día el Congreso aprobó la Ley Pública 88-205, que enmendaba la Sección 620 de la Ley de Asistencia Externa de 1961, para introducir nuevas restricciones contra Cuba que prohibían la importación de azúcar cubana o la extensión de beneficio bajo cualquier ley de Estados Unidos, hasta que le fueran devueltas a los ciudadanos estadounidenses las propiedades nacionalizadas a partir de 1959, en no menos del 50%, o la compensación proporcional equitativa.

Igualmente, se impuso la negativa de asignar fondos a los países que no tomaran medidas para impedir que buques y naves aéreas, transportaran artículos de asistencia económica, armamento y cualquier otro equipo, materiales o mercancías a Cuba.

El plan trazado por la CIA daba resultados, la denuncia de Rómulo Betancourt era el pretexto necesario para cerrar aun más el cerco económico contra la Revolución, siguiendo al pie de la letra lo establecido en el Proyecto Cuba u Operación Magosta, donde se diseñó la guerra económica para evitar la satisfacción del pueblo, con el fin de lograr la sublevación del pueblo contra el Gobierno de Castro.

El director de la CIA, John Alexander McCone, explicaba en su contacto con el presidente Lyndon Johnson, que “las medidas a tomar contra la Isla debían basarse en la Resolución de la OEA del 23.10.1962, que incluía desde el bloqueo económico inmediato, hasta una posible invasión”.

Ante la acusación de que Cuba “exportaba” la Revolución hacia América Latina, el Departamento de Estado preparó una nueva Resolución de condena en la OEA, que buscaba el rompimiento de relaciones diplomáticas de toda el área con el Gobierno cubano y sumarlos al bloqueo económico, comercial y financiero.

Como resultado de fuertes presiones política y chantajes, el 26.07.1964 la IX Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, aprobó nuevas sanciones contra Cuba, al considerar el hecho en Venezuela como una “agresión e intervención en los asuntos internos” que afectaba a todos los Estados miembros.

Sin embargo, los actos ejecutados por Estados Unidos contra Gobiernos latinoamericanos que no son de su agrado, jamás han sido llevados al seno de la OEA para su análisis y sanciones.

Un ejemplo fue el golpe de Estado diseñado y ejecutado contra el presidente Salvador Allende, en Chile, el cual estuvo antecedido por otros como en Brasil y República Dominicana. Años más tarde vinieron las invasiones de Panamá, Granada y Haití.

Las dictaduras militares impuestas por Estados Unidos nunca dieron lugar a una Resolución de condena de la OEA y menos al bloqueo comercial, solo pensarlo hubiese sido un sueño inalcanzable contra el poderoso imperio.
La historia se repite ahora contra Venezuela, Bolivia y Ecuador.

Se conocen los altos presupuestos de la CIA para financiar a la oposición en esos países, golpes de Estado, manifestaciones callejeras y actos terroristas.

Estados Unidos es el país que más subversión exporta en el hemisferio occidental, sin descontar lo sucedido en el resto del mundo, pero la diferencia es que ya no puede ocultar su participación, aunque es tanta la prepotencia de sentirse como dueños del mundo que se toman el derecho de cambiar gobiernos y eliminar aquellos líderes que no respondan a sus intereses.

Por eso hay que tener presente lo expresado por José Martí cuando escribió:

“De este pueblo del Norte hay mucho que temer, y mucho que parece virtud y no lo es, y mucha forma de grandeza que está hueca por dentro como esculturas de azúcar”.


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