La guerra biológica contra Cuba. 

Por Israel Valdés Rodríguez*

Otras armas utilizadas por el Imperialismo norteamericano contra Cuba, además del cruel e inhumano bloqueo económico, comercial y financiero, ha sido la guerra biológica. En su afán de tratar de doblegar la resistencia del pueblo cubano, no han descartado la utilización de los métodos más bárbaros y genocidas contra ninguna otra nación del mundo.

Desde mayo de 1971 una epidemia nunca antes vista en Cuba ni en el hemisferio occidental aparece en el ganado porcino de la provincia de La Habana y se extiende a territorios aledaños. En su edición del 23 de junio de 1971 el periódico Granma informa: “En los últimos días ha sido posible confirmar en cerdos de la provincia de La Habana la aparición de una grave enfermedad conocida como fiebre porcina africana. La acción criminal del enemigo no puede ser descartada en relación con estos hechos, por lo que se investiga la posible participación de agentes del imperialismo en su introducción. Sería este un artero atentado contra la economía nacional”.

Fue necesario sacrificar más de medio millón de animales, lo que afecta el desarrollo perspectivo de esta ganadería durante años. Filtraciones de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), recogidas en el diario neoyorquino Newsday el 9 de enero de 1977, señalan a agentes de la CIA ligados a terroristas contrarrevolucionarios como quienes introducen el virus. Y exponía los siguientes argumentos: “Se sabe por propia admisión que en los momentos en que se produjo en Cuba el brote de la fiebre porcina africana, la CIA y el ejército de Estados Unidos estaban experimentando con venenos, toxinas mortales, productos para la destrucción de cosechas y otras técnicas de la guerra bacteriológica.”

Esta acción terrorista contra Cuba provocó el sacrificio de más de 140 mil cerdos. Al cabo del tiempo, durante los años 1979 y 1980, reapareció la fiebre porcina africana y nuevamente hubo que sacrificar otros 30 mil animales.

En 1978 se produce la introducción de la epifitia Roya de la Caña, que obligó a exterminar la variedad Barbados 4326, entonces conveniente por sus altos rendimientos agrícolas e industriales.

También fuimos invadidos por el Moho Azul del tabaco, que llegó dentro de la tela de tapado de los cultivos importados de Estados Unidos. Destruyó más del 85% de los cultivos. Las exportaciones de tabaco desaparecieron, y por primera vez se debió importar para el consumo nacional.

Cinco anos más tarde nuestro ganado sufrió la epifitia exótica Sigatoca Negra, comenzando por el centro del país y en 1994 la exótica Hemorragia Viral del conejo, común en México, siendo imposible que desde allí llegara a Cuba, como se demostró posteriormente.

Hasta nuestras abejas fueron atacadas en 1996 con la Varroasis que introdujeron por Matanzas, en el centro del país, artificialmente, porque por vía natural debió haber sido por Occidente u Oriente.

Ese mismo año el frijol, la papa, el pimiento y otros cultivos sufrieron el Thrips Palmi, un devorador polífago. El historiador de la ciencia Altshuler reveló que Housewright, director de los Laboratorios Biológicos del Ejercito Norteamericano en Fort Detrick, no vaciló en vanagloriarse ante el The New York Times, que en 1960 propuso emplear agentes biológicos para matar o incapacitar a muchos cubanos, es decir, utilizarnos como conejillos de india.

Aún permanece latente en la mente del pueblo cubano el crimen de 1981 de la CIA al introducir en Cuba la fiebre del Dengue Hemorrágico, usando terroristas de origen cubano, residentes en Miami. En pocas semanas esta epidemia alcanzó la cifra sin precedente en ningún otro país del mundo de 344 203 personas afectadas, dándose el caso de una cifra récord de 11 400 nuevos enfermos reportados en un solo día, el 6 de julio de 1981. Un total de 116 143 enfermos fueron hospitalizados; alrededor de 24 mil pacientes sufrieron hemorragias; 10 224 sufrieron shocks por dengue en algún grado. El balance fue la muerte de 158 personas, de ellas 101 niños.

También en 1981 nos golpeó la Conjuntivitis Hemorrágica, endémica en el hemisferio occidental, salvo en Cuba, pues gracias a nuestro sistema de salud pública, no se produjeron males mayores. Un poco más tarde padecimos la Seudodermatosis Nodular Bovina, endémica en África, cuyo agente etiológico fue aislado en el laboratorio de Camp Ferry de New York. En 1984, en Guantánamo fuimos objeto de una disentería originada en la base militar ocupada por los norteamericanos.

A pesar de todo, nos incluyeron en la espuria lista de países patrocinadores del terrorismo. Al parecer, esta película esta al revés. ¿Señores imperialistas, quiénes son y donde están los verdaderos terroristas?

* (San Antonio de los Baños, 1952) profesor e historiador, miembro del secretariado permanente de la Unión de Historiadores  de Cuba.


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