Revolución Ciudadana de Ecuador en la mira de la derecha regional.

El presidente Rafael Correa reta a la oposición ecuatoriana a pedir revocatoria de su mandato. 

Con el burdo pretexto de oponerse a dos leyes enviadas el 5 de junio por el jefe de Estado al Congreso Nacional que, según los reaccionarios, perjudicaban al pueblo, líderes derechistas convocaron a sus seguidores mediante las redes sociales a salir a las calles para solicitar la derogación de las ordenanzas. En las pancartas que portaban también exigían la salida de Correa del Palacio de Carondelet (sede del poder ejecutivo).

Esas protestas se extendieron por importantes ciudades ecuatorianas, lideradas por dos reconocidos enemigos de la Revolución Ciudadana: el alcalde de Guayaquil Jaime Nebot y el multimillonario y ex candidato presidencial Guillermo Lasso, quienes no esconden su participación en las acciones violentas contra sedes del oficialista partido Alianza País y agresiones a sus miembros, entre otras fechorías.

Oportunistas, Nebot y Lasso aprovecharon la ausencia del mandatario, que debió cumplir importantes visitas a Europa a principios de este mes, para expresar su rechazo a un sistema de inclusión social que invirtió en el sector de la educación, por ejemplo, 30 veces más que las últimas siete administraciones previas a la Revolución, iniciada en el 2007.

El proceso político bajo el mandato de Correa, un declarado líder antiimperialista de gran prestigio internacional, trajo enormes beneficios a la población, ya que según la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (Cepal), Ecuador creció un 4,3% en el período 2007-2014, más de un punto porcentual sobre los restantes países de la región y de economías poderosas como Brasil y Argentina.

¿POR QUE AHORA TAMBIEN CONTRA ECUADOR?

Estados Unidos ha comprendido que sus compinches de derecha en Latinoamérica nunca llegarán al gobierno por medio de las urnas, lo que ha sido comprobado en Venezuela, Bolivia, Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Nicaragua, El Salvador, y otros más.

La partidocracia tradicional es derrotada una y otra vez en las elecciones presidenciales desde el año 1998, cuando el presidente venezolano Hugo Chávez dio la clarinada para el comienzo de una nueva era en una extensa y rica área geográfica gobernada en el siglo XX por Washington, de donde comprobadamente partió la estrategia para derrocar al presidente socialista Salvador Allende, una amarga experiencia de la cual pueden sacarse aún lecciones políticas importantes.

¿Qué le queda entonces al imperialismo estadounidense sino utilizar otros métodos, desenmascarados como “golpes suaves” de Estado, para desestabilizar a los gobiernos progresistas, derrocarlos, e intervenir, o bien directamente, o por medio de sus títeres internos y apoderarse de nuevo de Latinoamérica, que ha logrado la unidad de sus miembros a pesar de diferencias políticas.

En los últimos 16 años han surgido en América Latina y el Caribe importantes organizaciones integracionistas sin la presencia de Estados Unidos, como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), la Alianza Bolivariana para los pueblos de América (Alba) y la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que defienden a sus miembros de las injerencias foráneas y mantienen una red de comunicación en defensa de la soberanía y la independencia nacionales.

Empero, no puede obviarse que la derecha regional también se ha reorganizado y que existe una triangulación demostrada en Venezuela con la presencia del ex presidente del Gobierno español Felipe González a Caracas, luego la de varios senadores derechistas de Brasil con el ex precandidato presidencial Aécio Neves al frente, y el apoyo fundamental de medios periodísticos de Estados Unidos, España, y los nacionales en las andanzas de estos títeres locales.

A las actuales intentonas de golpe de Estado aunque se les llama suave, porque hasta ahora no intervienen las fuerzas militares, son, sin embargo, fuertes y dañinas, pues en su tentativa de desestabilizar los procesos revolucionarios sus protagonistas realizan acciones violentas, especulan con productos imprescindibles y crean el terror a través de sus medios de comunicación masiva, que pasaron a ocupar el lugar de los partidos tradicionales conservadores, casi todos divididos y sin liderazgo.

Las pruebas son concretas y Venezuela y Ecuador están ahora bajo la virulencia extremista del imperio y sus secuaces, ante las elecciones legislativas este año, en la primera, y las presidenciales en el 2017, en la segunda, siempre con la mira puesta en derrocar antes los gobiernos, si ello fuera posible.

Tanto Nebot como Lasso argumentan que las protestas son el resultado del envío presidencial al Congreso de las Leyes de Redistribución de la Riqueza –conocida como Ley Herencia- y la Ley de Ganancia Extraordinaria o de la plusvalía, con nuevos impuestos, que afectarán solo al 2 % de la población, entre ellos los líderes derechistas, según sus propias declaraciones.

Un 98 % de los ecuatorianos no pagaría impuesto a la herencia, mientras que los propietarios de tierras e inmuebles –comprobadamente- han hasta sextuplicado los valores, según estudios de organismos especializados, y deben pagar al Estado en consonancia.

Correa, luego de su retorno al país, explicó a la población las interioridades de los temas en discusión, encaminados a que los ricos paguen justamente sus impuestos. En una prueba de fidelidad a su pueblo decidió retirar ambas legislaciones del parlamento, con lo cual, además, contribuyó a un ambiente de unidad para la visita del Papa Francisco al país.

Sin embargo, llamó a un diálogo nacional en el que el pueblo opinará no solo sobre estas dos leyes, sino que decida qué clase de país quiere tener, en lo que analistas consideran un acto de valentía y de arrojo democrático.

NO PARAN LAS PROTESTAS

Pese a las medidas adoptadas por el mandatario, continúan las protestas en Ecuador, lo que demuestra que el objetivo es quebrar al gobierno nacional.

Mientras en Venezuela la burguesía se prepara para nuevas acciones callejeras, denunciadas por el presidente del parlamento Diosdado Cabello, en Ecuador, el alcalde Nebot –recuérdese que Guayaquil es una provincia en manos de la alta burguesía- continúa llamando a la confrontaciones con las autoridades.

Es decir, queda claro que está en marcha una intentona golpista contra Correa, quien en el 2010 debió enfrentar una sublevación de la policía, que lo raptó y mantuvo detenido varias horas, -luego se conocieron con nombres y apellidos los políticos de derecha que auparon el plan- hasta que fue rescatado por militares leales y la fuerza del pueblo en las calles de numerosas ciudades.

La audacia de Correa, que cree firmemente en la democracia y por eso lanzó ahora la idea de una consulta popular revocatoria a la que la derecha no ha dado respuesta, demuestra su seguridad en que el pueblo ecuatoriano –que ahora disfruta de la estabilidad gubernamental y de los resultados de un proyecto revolucionario- sabrá dar una lección contundente a los opositores, ya sea en las calles o en las urnas.


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