Ecuador ante otra cruzada injerencista del imperio

Guayaquil, 29 de Junio de 2010. El Presidente Rafael Correa, brinda declaraciones a medios de comunicación de la ciudad de Guayaquil durante su habitual visita de trabajo este martes. (Foto Santiago Armas/Presidencia de la República)

Por: Joaquín Santander

Ecuador vive días tensos desde el pasado 8 de junio, cuando grupos opositores al presidente Rafael Correa iniciaron protestas e intentos de desestabilización, con el objetivo expreso de revertir el orden constitucional en el país.

Desde entonces, el jefe de Estado ha reiterado los llamados al diálogo, sin encontrar respuestas en los organizadores de las movilizaciones, las cuales, en los últimos días, amenazaron con llegar al Palacio de Carondelet, sede del Ejecutivo, aunque agentes del orden malograron sus intenciones.

Correa, con la ecuanimidad que lo caracterizó desde su llegada al poder, conminó a los cabecillas de la intentona desestabilizadora a derrotarlo en las urnas dentro de dos años, sin que sus palabras encontraran eco en las turbas enardecidas, que intentan hacerse con el control de las calles.

El mandatario alertó sobre planes golpistas y denunció una gran marcha hacia la capital, desde diferentes ciudades del país, promovida por alcaldes opositores, los cuales no han reparado en gastos con tal de dejar en evidencia al jefe de Estado.

Mientras el Presidente advirtió que el país está listo para defender la Revolución Ciudadana, pero aclaró que no apelará a la violencia, sino a la paz y a la democracia, en tanto recalcó que los opositores saben que en las urnas no podrán derrotar el empuje del proceso revolucionario.

Correa recordó incluso que, aunque retiró temporalmente los proyectos de Ley de Herencia y Plusvalía, los supuestos detonantes de las protestas, porque afectarían al dos por ciento del sector más rico de la población, la oposición quiere romper el ambiente democrático en Ecuador.

La situación en Quito encontró eco en diferentes lugares de la región y el mundo y muchas voces se levantaron para respaldar a Correa y en defensa de la Revolución Ciudadana, con la advertencia de que las recientes manifestaciones y amenazas de paralizar la nación para desequilibrarla son prácticas recurrentes en los estados progresistas de la región.

Situaciones similares se produjeron en Brasil, Venezuela y Argentina en fechas recientes, sin que lograran conseguir sus objetivos, en medio de un despliegue mediático enorme, con la intención de crear una sensación de caos e ingobernabilidad, promovido por intereses externos y grupos de poder.

Ecuador, en medio de la visita del papa Francisco, vive rumores de golpe de Estado, a pesar de la exhortación a la tranquilidad transmitida por el Sumo Pontífice, quien hizo votos por el retorno a la tranquilidad en el país.

La marcha de Su Santidad, sin embargo, puede volver a avivar los intentos de desestabilización, el regreso a las calles de quienes se oponen al gobierno constitucional de Rafael Correa, para intentar provocar su derrocamiento y el retroceso de una sociedad que avanzó a pasos agigantados en los últimos años y que logró conquistas sociales trascendentales.

Ecuador se convirtió en la basura en el ojo para el imperio y las oligarquías de la región y desde ellos nacen los intentos por ponerle fin a un proceso que prioriza a las mayorías, tal como intentan o intentaron hacer en otras naciones de la región. Solo falta ver si lo lograrán.


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