No habrá cambios

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Arthur González – Para los ciudadanos de buena voluntad que creyeron que Estados Unidos después del 17.12.2014 tomaría otro rumbo en su política hacia Cuba y que las acciones subversivas iban a cesar, la vida les está demostrando cuán lejos estaban de la realidad.En Cuba hubo quienes felicitaron al presidente Barack Obama por su decisión de abrir nuevamente una embajada en La Habana, algunas de esas opiniones fueron publicadas por la prensa oficial. Quienes así piensan no leyeron detenidamente sus discursos del 17.12.2014 y 01.07.2015 ni tampoco las declaraciones de otros funcionarios y voceros del Gobierno, en las que ninguno ha mentido o engañado a la opinión pública mundial, pues reiteraron sus propósitos de lograr la “transición”, entiéndase el derrocamiento del socialismo cubano.

Obama y su Consejo de Seguridad Nacional pretenden copiar el diseño de política empleada contra la URSS, donde poco a poco la CIA logró corroer las bases ideológicas de esa sociedad, especialmente con el trabajo que llevaron a cabo sobre la juventud soviética, aprovechándose de los errores cometidos por muchos dirigentes del Partido Comunista.

No en balde el ex director de la CIA, Allen Dulles escribió:“Sembrando el caos en la Unión Soviética, sin que sea percibido, sustituiremos sus valores por otros falsos y les obligaremos a creer en ellos” […] “De una manera imperceptible, pero activa y constante, propiciaremos el despotismo de los funcionarios…”[…] “Nuestra principal apuesta será la juventud. La corromperemos, desmoralizaremos y         pervertiremos.”

Como prueba de esto están las declaraciones del 02.07.2015 a bordo del avión presidencial, de la portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest, divulgadas por el sitio digital del Nuevo Herald.

Entre otros criterios expresó: “…quienes están preocupados por asegurar la protección a los derechos y preferencias de los cubanos, deben apoyar la política del Presidente, porque los cubanos la apoyan decisivamente”.

“Estados Unidos mantendrá el apoyo a activistas por los derechos humanos en Cuba”, además “…la embajada va a funcionar de modo muy similar a como lo hacen otras en ambientes restringidos. Vamos a poder reunirnos con una mayor variedad de cubanos dentro del gobierno y fuera de él”.

En cuanto al entrenamiento que recibe la contrarrevolución asalariada de Washington dentro de los locales de la actual Sección de Intereses en Cuba, en total violación de los artículos 3 y 41 de la Convención de Viena de 1961, Earnest añadió:

“..El tipo exacto de programas o facilidades en cada una de nuestras embajadas no estuvieron sujetas a restricciones o especificidades en nuestro acuerdo, pero los cubanos nos han hecho saber durante muchos años su descontento con algunas de las cosas que hemos hecho en el pasado”.

Por tanto, resulta evidente que en la Embajada se mantendrán los tres centros de preparación para la contrarrevolución.

Según su sitio digital, desde hace varios años la Sección de Intereses en La Habana imparte varios cursos para personas que trabajan para ellos en actividades provocativas contra el Gobierno cubano.

Los centros fueron bautizados con los nombres de Lincoln, Eleonor y Benjamín, y las materias ofrecidas son: liderazgo comunitario, periodismo, idioma, computación, organización civil y la lucha no violenta, algo que Estados Unidos no permitiría dentro de una misión diplomática cubana para preparar a los negros discriminados y a las clases más desprotegidas de esa sociedad.

El pasado 1ro de julio al anunciar la apertura de su embajada, Obama declaró sin tapujos:

“…Podremos aumentar considerablemente nuestro contacto con el pueblo cubano”. “Tendremos más personal, y nuestros diplomáticos podrán participar de manera más extensa en toda la isla…incluida la sociedad civil y con los cubanos que buscan alcanzar una vida mejor…”

Nadie duda que el restablecimiento de relaciones y la normalización futura de estas es necesaria, pero como afirmó el presidente cubano Raúl Castro, deberán ser relaciones respetuosas y de cooperación, igualdad soberana, el arreglo de controversias por medios pacíficos, la no intervención en los asuntos internos, el fomento de relaciones de amistad, basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos y de la libre determinación de los pueblos,   algo que para los yanquis es muy difícil de comprender.

Por esa razón dijo José Martí:

“No es lícito ocasionar trastornos en la política de un pueblo, que es el arte de su conservación y bienestar…”


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