Obama estará bajo fuego cruzado en La Habana

FERNANDO RAVSBERG – Calvin Coolidge, el único presidente estadounidense que visitó Cuba, no tuvo grandes problemas durante su estancia en la isla, salvo el de eludir a los camareros que insistían en brindarle mojitos y daiquirís, desconociendo que en los EEUU la Ley Seca prohibía el consumo de alcohol.

El mayor reto de Obama será evitar los dardos envenenados que le lanzan desde los extremos opuestos. Unos para que se detenga y deje de acercarse a Cuba, mientras los otros quieren verlo como devoto de San Lázaro, paseando de rodillas por La Habana.

La negociadora cubana Josefina Vidal, le dio la bienvenida afirmando que “va a ser tratado con todo respeto y toda consideración” y podrá ver los cambios que se han hecho durante los últimos años, “como resultado de decisiones soberanas del gobierno de Cuba”.

Sin embargo, uno de los voceros del extremismo publica un texto muy cercano a la “guapería” (*) callejera, que termina diciendo “que venga la fiera que la estamos esperando”. Da así la razón a Churchill cuando dijo que en la bancada de enfrente se sientan los adversarios pero los verdaderos enemigos están dentro de su propio partido.

En el otro extremo del abanico, el disidente Jorge Luis García “Antúnez” escribe que “la presencia del presidente Obama en la isla constituye un gesto muy negativo, lo consideramos una ofensa, una deslealtad” y sentencia que con la visita se dará “legitimidad al régimen”.

Cruzando el charco, Ted Cruz y Marco Rubio tratan de sacar provecho electoral, y la Congresista Ileana Ros-Lehtinen dice que “es absolutamente vergonzoso que Obama gratifique a los Castro con la primera visita a Cuba de un presidente en funciones de EEUU”. (¿Y Coolidge?).

Pero los estadounidenses parecen un poco cansados ya del “teque” anticastrista, tanto que el reconocido comentarista político Chris Matthews, declaró “¿Quién vería un debate entre dos cubanos… ¿quién vería un debate entre Marco Rubio y Ted Cruz? ¿A quién le importa?”.

Lo que realmente preocupa, lo que más temen los extremistas de ambos bandos no es el valor simbólico del viaje sino la intención de Barack Obama y Raúl Castro de “quemar las naves”, para llevar así el proceso de acercamiento a un punto de no retorno.

El propio Asistente del Presidente y Asesor Adjunto de Seguridad Nacional, Ben Rhodes, reconocía en conferencia de prensa que “El gobierno de Estados Unidos busca la manera de hacer irreversible el proceso proceso, y la visita de Obama ayudará en esa dirección”.

Mucho se especula con que ambos mandatarios pretenden dejar como legado político personal el restablecimiento de las relaciones bilaterales antes de que finalicen sus respectivos mandatos. Eso, seguramente es cierto pero es solo una parte de la verdad.

Tras el diálogo con Cuba, Obama busca acercar posiciones con una región en la cual estaban perdiendo influencia a pesar de que algún día creyeron que era su “patio trasero”. Rhodes asegura que Cuba era una de las razones por las que “EEUU estaba aislado en nuestro propio hemisferio”.

Ambos presidentes han sido capaces de obviar los obstáculos para sentarse a dialogar. Raúl Castro no lo condicionó al levantamiento del Embargo ni Barack Obama al cambio de sistema político. Actuaron de forma diferente y obtuvieron un resultado distinto.

Así se ha podido conversar de canje de prisioneros, de cuentas mutuas por cobrar, de la migración, de lucha contra las drogas, el tráfico de personas, de la protección medioambiental y la respuesta a desastres, del Embargo/Bloqueo y hasta sobre los Derechos Humanos.

De esos intercambios nace cierta empatía, es decir una mejor comprensión de los puntos de vista del otro. Ben Rhodes declara que “Siempre vamos a tener diferencias con el gobierno cubano sobre el tema de los derechos humanos porque ellos tienen un sistema político diferente”.

Y en esa declaración marca dos cambios trascendentales, en primer lugar la aceptación de un “sistema político diferente” en Cuba. Lo segundo es que EEUU deja de ser el juez de una Cuba acusada de violar los DDHH y se convierten en iguales con concepciones diferentes.

Muchas críticas se les pueden hacer a los dos mandatarios pero su legado perdurará en el tiempo porque, más allá del éxito que tengan, lo cierto es que nadie nunca antes se atrevió a avanzar tanto bajo el fuego cruzado de sus enemigos y, sobre todo, de sus amigos.

(*) Bravuconería cubana


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