El resultado de la votación en la ONU atisbos loables de un proceder lógico.

Un paso a la lógica

Que la Casa Blanca haya decidido abstenerse en la reciente discusión ante la Asamblea General de Naciones Unidas con relación al documento que por veinticinco años le ha exigido el fin de su bloqueo a la Mayor de las Antillas, no resulta un paso como para abrir la boca de asombro.

Como no lo es tampoco, dicho sea de paso, que Tel Aviv haya decidido asumir la misma conducta que su socio mayor, del que ha sido fiel pareja en estas recurrentes lides diplomáticas.

El cambio, eso sí, ha implicado hasta hoy casi seis décadas de verticalidad y resistencia de los cubanos, compelidos a enfrentar toda suerte de severas y abrasivas limitaciones en los más disímiles niveles y aspectos de la vida, desde la economía y los programas sociales nacionales o sectoriales, hasta el cotidiano existir en el seno de cada hogar y cada familia.

Mientras, en la principal tribuna internacional, ha debido transcurrir un cuarto de siglo para que, al menos, Washington no se oponga de manera obsecada a la voluntad mundial y desgaste todavía más su imagen sosteniendo un cerco que califica legalmente como genocidio, y que ha superado con creces todos los límites de los bloqueos más extensos en la historia de la humanidad.

De todas formas, el resultado de ciento noventa y un votos favorables al reclamo cubano, nadie en contra, y dos abstenciones (los Estados Unidos e Israel), hace pensar que entre los promotores de tamaña agresión existen atisbos loables de un proceder lógico, aún cuando indicar retóricamente que el bloqueo es un fracaso y una política inútil no es todo lo que se requiere ni lo que espera la comunidad internacional.

Pero en fin, los políticos y las políticas no todas las veces resultan todo lo coherentes que uno debiera esperar, porque, vale decirlo, abstenerse implica desentenderse, no tomar posición, quedar en un limbo con relación a algo, una posición un tanto contradictoria para quien todavía tiene en sus manos la cuerda con la que se ha intentado asfixiar a otro y no termina por sacársela del cuello hasta donde sus verdaderas posibilidades se lo permitan.

Con todo, lo ocurrido este octubre en el seno de Naciones Unidas no deja de ser un hecho positivo y responde a las líneas políticas que la actual administración norteamericana ha trazado con respecto a su interés de normalizar las relaciones con La Habana.

Un proceso que, para culminar con entero éxito y el real ejercicio de la justicia, ha de pasar inexorablemente por el fin de toda medida coercitiva que afecte el normal desarrollo del país y el existir pleno de su gente.

De hecho, se sabe por todo el mundo, el bloqueo persiste y sigue dañando, y de la misma forma que socava el mundo material de los cubanos, les impone además no pocas barreras para su avance espiritual y para el ejercicio de su creatividad y sus capacidades destinadas ha emprender los cambios que en todos los aspectos está reclamando nuestra sociedad.

Es, en pocas palabras, de las grandes barreras que suma, entre otros evidentes males y entuertos, contra la nación y contra su presente y su futuro.

Y, por supuesto, su final sería un fraude si implica, como se atisba, no el deseo sano de convivir en paz con la Isla, sino abrir la puerta a otras modalidades que insistirían en coartar el derecho de los cubanos a la autodeterminación y a la independencia.

F/Cubahora


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