El presidente nicaragüense aspira a una nueva reelección el próximo día 6 con su esposa como candidata a la vicepresidencia.

La posible victoria de la dupla nicaragüense compuesta por Daniel Ortega y Rosario Murillo candidatos de una revolucionaria alianza política el próximo día 6, repercutirá de manera favorable en América Latina, luego de la derrota de dos gobiernos progresistas y la activa contrarrevolución en Venezuela contra el pueblo bolivariano.

Ortega, 70 años, actual presidente de la nación centroamericana, se presenta por tercera vez consecutiva en presidenciales, y aunque es atacado por fuerzas derechistas, muestra un camino de logros para la población pobre, que, al parecer, no se dejará engañar por cantos de sirena, como infelizmente otros han hecho.

En el contexto geopolítico, y luego de la ruptura democrática en las urnas en Argentina, y el golpe parlamentario en Brasil, es importante, afirman politólogos, la permanencia en Nicaragua de una figura de prestigio como el mandatario, un aliado de las fuerzas revolucionarias regionales.

A la vicepresidencia designó a su esposa, Rosario Murillo, actual coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, una de las figuras políticas más populares del actual gobierno, el que goza del respaldo del 58 % de la opinión pública. La dupla matrimonial tiene el 64 % de la intención de voto.

Desde hace varios meses, varias encuestas favorecen a la pareja, cuyo aprecio supera el 70 %, indicó el Sistema de Monitoreo de la Opinión Pública (SISMO), según publicó a fines de octubre la firma M&R Consultores.  Aunque tampoco se descarta, como ocurrió en otros países, que números tan atractivos enmascaren una abstención o votos falsos.

Son seis los candidatos a la presidencia y vicepresidencia en la contienda del próximo domingo, en la que se elegirán también los 90 diputados de la Asamblea Nacional (AN) y los 20 del Parlamento Centroamericano (Parlacen).

SISMO indicó que el 73,5 % de los interrogados confía en la transparencia de los comicios, en tanto, 43,8 % refirió “mucha confianza” y 29,7 % “alguna confianza”.

El rival más cercano de Ortega, el candidato por el opositor Partido Liberal Constitucionalista (PLC), Maximino Rodríguez, posee un 8 % de seguidores.

Raúl Obregón, director de M&R Consultores, manifestó que el actual jefe de Estado tiene una alta aceptación, después de dos períodos consecutivos en el Gobierno, debido, entre otros motivos, a los programas sociales que impulsa desde hace una década.

A las urnas están convocados 3 400 000 (tres millones cuatrocientos mil) electores, quienes —según opinan medios nicaragüenses— asistirán masivamente. De ocurrir lo contrario, a pesar de las pesquisas, significaría un rechazo a la política sandinista.

Uno de los enemigos más virulentos de la Revolución Sandinista es el llamado Frente Amplio por la Democracia (FAD), que desconocerá, advirtió, el resultado de las elecciones, en reciente informe a la prensa. El FAD reaccionó airado al acuerdo del gobierno con la Organización de Estados Americanos (OEA) sobre un diálogo en diciembre próximo por falsas acusaciones acerca de la expulsión de 28 diputados opositores del Parlamento.

Ortega aceptó la instalación de una mesa de diálogo abierto con el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, receptor de las críticas de dirigentes del PLI, en julio último, en Washington, como lo fue también de contrarrevolucionarios venezolanos.

El Partido Liberal Independiente (PLI), con su candidato Pedro Reyes, es el principal adversario del sandinismo y exige la suspensión de los comicios, aunque la OEA advirtió que respetará los resultados. También Estados Unidos, el verdadero jefe de la OEA, celebró el anuncio del diálogo, anunció el Departamento de Estado, y lo destacó en su cuenta en Twitter la embajadora del país norteño en Managua, Laura F. Dogu.

La discordia entre las fuerzas gubernamentales y de derecha apareció cuando fueron destituidos en la Asamblea Nacional 28 diputados de oposición —16 fijos y 12 suplentes— por decisión de la Corte Suprema de Justicia (CSJ).

El detonante ocurrió porque los parlamentarios del PLI desestimaron el nombramiento de un nuevo líder en el Legislativo, Pedro Reyes, en lugar de Eduardo Montealegre. El CSJ argumentó sin valor la actitud de los disidentes y determinó su salida y colocación en su lugar de igual número de diputados del PLI.

A su vez, el Consejo Supremo Electoral (CSE), por estipulación legal, concordó con el poder judicial, explicó la presidenta en funciones de ese órgano, Iris Montenegro.

Los afectados por la discordia partidista interna iniciaron una campaña local e internacional contra la dirección sandinista —de mayoría en la AN— acusando al presidente de tratar de implantar un sistema de partido único.

Estados Unidos, que financió la subversión contra el sandinismo hace más de 20 años, reaccionó airado, y, según escribió en Rebelión el analista Sergio Ferrari: “…la revista Envío de octubre subraya también que el 21 de septiembre, 435 legisladores demócratas y republicanos de la Cámara de Representantes aprobaron la Nicaraguan Investiment Conditionaly, conocida como Nica Act, que condiciona préstamos de instituciones financieras a la realización de elecciones libres. Es una amenaza real contra Nicaragua”, explicó.

Para el sociólogo Orlando Núñez Soto, director del Centro para la Promoción, la Investigación  y el Desarrollo Rural y Social con sede en Managua, y analista de la revista Correo, la postura estadounidense contra el sandinismo expresa “…el intento de una recuperación de hegemonía en Centroamérica. Lo que me impactó positivamente fue la respuesta crítica de la gran mayoría de sectores nacionales ante esa actitud norteamericana”.

Es difícil, no imposible, que la población nicaragüense haga caso a las maniobras de la derecha y sus aliados, si considera los cambios realizados por la Revolución Sandinista, que sitúa a ese país entre los más prósperos de Centroamérica.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) reconoció que en la última década, el Producto Interno Bruto (PIB) nicaragüense aumentó un 40 %, con un crecimiento económico anual en torno al 4,5 %, y el país alcanzó su soberanía alimentaria, incluida una sobreproducción de carne y leche para la exportación.

El Banco Mundial afirmó en septiembre pasado que “…la inversión extranjera directa y el comercio también muestran perspectivas favorables”, en tanto el Fondo Monetario Internacional (FMI) cerró sus oficinas en Managua en marzo último, debido al “éxito de Nicaragua manteniendo una macroeconomía estable y de crecimiento”, lo que anula su presencia en el país.

Bajo la Revolución Sandinista comenzó un proceso de desarrollo nacional: salud pública y educación gratuita, electrificación nacional, construcción de carreteras y viviendas, programas sociales como Hambre Cero, Usura Cero, Bono Productivo, y la recuperación de la seguridad ciudadana, en contraste con sus vecinos centroamericanos.

Aunque los opositores quisieran estrangular las posibilidades de triunfo de Ortega y Murillo, la tarea es altamente difícil, dada la capacidad demostrada por el gobierno —que ha recibido la ayuda solidaria de otros pueblos, como Cuba y Venezuela en sus proyectos sociales— para mejorar la calidad de vida de su gente. Antes, Nicaragua se encontraba entre las naciones más empobrecidas de la región.

No obstante, el pueblo de Sandino tiene la última palabra.

F/Cubahora


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