Lo cierto es que entre los republicanos y los demócratas apenas existen diferencias.

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Muchos rostros conocidos del país imperialista —entiéndase: gente de la música, del cine etc.-— están pidiendo el voto para Hillary Clinton, la candidata del Partido Demócrata. Y lo hacen como si de un gesto de rebeldía se tratara, “para que no gane Donald Trump”. En realidad, estos adinerados artistas saben que no arriesgan nada con su “osadía” —sus enormes e injustos patrimonios económicos están a buen recaudo con cualquiera de los candidatos—, más bien, con el hipócrita gesto, se ganan la simpatía de muchos de sus ingenuos seguidores, que los creen sensibles ante las injusticias, y de esa manera tan engañosa siguen aumentado sus ya ingentes fortunas.

Lo cierto es que entre los republicanos y los demócratas apenas existen diferencias. Los dos partidos son grupos de inversionistas, y ambos candidatos agentes del gran capital. No hace falta esforzarse demasiado para darse cuenta de su similitud; basta con recurrir muy brevemente a la historia para comprobar que, con los demócratas en el poder, Estados Unidos nunca ha dejado de ser un despiadado verdugo para el resto del mundo. A continuación expongo algunos ejemplos.
De los cuatro presidentes estadounidenses que quisieron comprar la isla de Cuba a los españoles, tres eran demócratas: en 1848 James Knox Polk (1845-1849); en 1853 Franklin Pierce (1853-1857); y en 1857 James Buchanan (1857-1861). El cuarto presidente que quiso comprarla, William McKinley (1897-1901), era republicano, e hizo la oferta de compra en 1898, pocos días antes de la injerencia militar estadounidense en la Guerra de Independencia de 1895-1898.
Preparada por los republicanos, con la administración de John F. Kennedy —demócrata— en el poder, Estados Unidos invadió Cuba por Playa Larga y Playa Girón el 17 de abril de 1961. El 3 de febrero de 1962 ordenó el bloqueo económico total de la Isla. Y el 22 de octubre del mismo año, con la conocida “Crisis de Octubre” en marcha, se anunció públicamente el bloqueo naval contra la tierra de Martí. También puso en marcha la Operación Mangosta, un proyecto del imperialismo yanqui contra Cuba después de su derrota en la citada invasión. Este proyecto, que buscaba desestabilizar a la Revolución Cubana y que costó la vida de no pocas personas y grandes pérdidas económicas, se inició en noviembre de 1961 y concluyó el 3 de enero de 1963, aunque extraoficialmente continuó por mucho más tiempo.
Al Che lo asesinaron el 9 de octubre de 1967 en La Higuera, Bolivia, luego de ser herido y apresado dos días antes. Sabemos que Barrientos, el presidente del país andino por aquel entonces, mandó asesinar al Guerrillero Heroico por órdenes del gobierno de los Estados Unidos. El presidente imperialista en aquel momento era Lyndon Baines Johnson, el principal impulsor de la Guerra de Vietnam, y, qué casualidad, pertenecía al partido demócrata.
Si nos centramos en el último presidente demócrata antes de Obama, William Clinton, podremos observar que más y más de lo mismo. El 27 de junio de 1993, Clinton ordenó un ataque de proyectiles contra Bagdad. Se lanzaron veintitrés misiles Tomahawk, con el nefasto y buscado resultado de ocho civiles muertos —entre los que se encontraba la conocida artista en el mundo árabe, Layla al-Attar— y una docena de personas heridas. Al día siguiente, camino de la iglesia, el presidente demócrata expresó a la prensa: “Me siento bastante bien respecto a lo que sucedió y pienso que el pueblo estadounidense debe sentirse igualmente bien al respecto”.
Su administración se involucró en los repetidos ataques aéreos a Iraq, donde las sanciones impuestas por la ONU, forzadas por Estados Unidos, se cobraron la muerte de cerca de 2.000.000 de personas por enfermedad, desnutrición y otras causas, en su mayoría niñas y niños.
Curiosamente, el belicista Clinton eludió el Servicio militar obligatorio en plena Guerra de Vietnam —recordemos que buena parte de ella con el demócrata Johnson en el poder—, marchándose a estudiar a Europa. Tiempo después, cuando trató de llegar a la Casa Blanca, se defendió diciendo que lo hizo por motivos políticos y morales, ya que, según él, estaba en contra de aquella guerra y era “objetor de conciencia”.
Clinton endureció el bloqueo norteamericano a Cuba con la ley Helms-Burton de 1996, que es una flagrante violación del Derecho Internacional. Y con el Plan Colombia llenó de armas e instructores militares el país sudamericano, facilitando la práctica sistemática del terrorismo de Estado.
En mayo de 1998, Fidel hizo llegar un mensaje a William Clinton a través de Gabriel García Márquez. Producto de aquel mensaje, los días 16 y 17 de junio del mismo año, una delegación de oficiales norteamericanos del FBI recibió, en La Habana, amplia información documental sobre las actividades de terroristas de Miami en territorio cubano. La única respuesta que Cuba recibió por parte del gobierno norteamericano, casi tres meses después, fue la detención de los informantes cubanos en Estados Unidos.
Era el 12 de septiembre de 1998, y los Cinco antiterroristas cubanos fueron condenados a injustas y alucinantes penas, incluidas varias cadenas perpetuas. Gracias al tesón de sus compatriotas y a la enorme solidaridad internacional, en diciembre de 2014 Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Fernando González, Antonio Guerrero y René González estaban de regreso a su patria.
Clinton combinó la penetración económica abierta y la captación de nuevos clientes políticos con la intervención militar y de inteligencia encubierta. Con él como presidente, el imperialismo yanqui se expandió bastante más que con ningún otro presidente desde Harry Truman —otro demócrata, que además ordenó el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki—, estableciendo numerosos estados–clientes que actualmente son miembros de la OTAN. A través de esta alianza, Clinton declaró dos veces la guerra a Yugoslavia —primero Bosnia y después Kosovo—, y los sangrientos resultados de sobra se conocen. Envió tropas a Somalia, que tuvo que retirarlas precipitadamente del país africano, para volver a enviarlas otra vez y bombardearlo despiadadamente. También Haití supo lo que es una invasión norteamericana, en el intento yanqui de incluir a la nación caribeña entre sus nuevos estados-clientes. Terrorífico historial el del demócrata presidente para ser un “objetor de conciencia”. Y, por ser el actual presidente, Barack Obama ya sabemos también lo que ha hecho a lo largo de sus dos mandatos.
Creo que no hacen falta más pruebas para poder afirmar que en el fondo —y en la superficie— demócratas y republicanos son exactamente lo mismo. Tras las elecciones, gane quien gane, en los Estados Unidos seguirá gobernando el dinero.

F /   https://baragua.wordpress.com

 


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