Carta a mi amigo Fidel Castro.

cubapostcastro

Fidel:

Hoy que no estás, te imagino en todas las tribunas, rememoro tus largos discursos, como tratados de cada aspecto de la vida. Me debo apresurar y agrupar tus tantas reflexiones, que no se diseminen las ideas hiladas finamente . El librero está a punto de estallar, pero no voy a renunciar a ningún ejemplar que me recuerde tu paso por la vida. Dedicaré un tiempo a estudiar todo lo que dijiste algún día y no pude alcanzar a escuchar, tu no creerías que es tarde, todo lo contrario, me animarías a emprender esta cruzada. Cuanta tranquilidad sentía antes, con la certeza de que estabas al alcance, aunque cada vez te viera con menos frecuencia. Era agradable siempre tener noticias tuyas, pero sufrí con el paso del tiempo notando como poco a poco se rasgara tu voz,  luego me consolaba al descubrir el vibrato inconfundible que siempre te caracterizó. Hoy acepté por fin que no eras eterno, es algo que yo nunca asocié a ti,  tal vez porque siempre guiaste  mis pasos y yo me acostumbré a que estarías siempre ahí.

Despertó mi inocencia frente a un libro enorme, un bloque inmenso poblado de mil hojas para que las personas te escribieran allí. Dijeron que era algo para tu despedida y me sentí perdido sin saber que escribir. Tembló la pluma fina en mi mano arrugada, temblaban mis mejillas y mis piernas también, respiré bien profundo, alcé mi vista, luego te vi, estabas allí con mochila a la espalda disponiendo tu viaje en no sé que montañas por ahí. Entonces entendí que iniciabas el viaje, un viaje diferente y todo lo llevabas ahí. Quise seguirte pero me percaté que era solo una foto, aunque tuve mis dudas, pude sentir el olor de aquel barro que envolvía tus botas.

En ese libro tuyo, todos se despidieron, también dejé un mensaje y espero que al final te lo  lleves contigo en tu mochila, porque escribí todas las cosas que me hubiera gustado decirte cuando estabas aquí; y creo es mi última oportunidad para que sepas todas las cosas que te agradezco y todo lo admirable que fue tu existir. No solo yo escribí, fue tanta gente que tenía cosas que decirte y que vi derramar sus lágrimas allí, como las mías que emborronaron los trazos de aquella estilográfica tan fina que me pusieron solo para escribirte a ti.

Luego me fui a continuar con el trabajo que me ocupará la mayoría de mi tiempo, ser parte de tanta gente que no sabía que te aprecia y que igual solo quieren el bienestar del pobre, del sin tierra, del olvidado, del cualquiera que todos ven pasar y a nadie importa. A partir de ahora repararé en cada cosa que me dijiste, mejor dicho en lo que me quisiste decir y en la medida que descubra las piezas que faltaron iré armando mi arsenal de pequeños pasajes aprendidos para esparcirlos a mi alrededor.

Si, iré compartiendo con otros lo que tu me diste y yo creo que así el mundo será mejor.  Llegué a pensar que no perdonaría que ya tuvieras preparada la mochila para ese viaje tuyo de imprevisto, pero no tiene caso siempre supiste cuando algo no debe posponerse y el mundo está poblado de muchas batallas que ganar.  También un día yo tendré lista mi mochila, mientras llega el momento cargaré todo aquello que me dejaste, y espero al final poder alcanzarte allá donde te vas.

Hasta Siempre amigo.

Carlos Valdés

 


Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s