Conciencia de ser cubano (III)

Por J.M. del Río. En estos tiempos en que « (…) No faltan tontuelos, no faltan zanjoneros. Ven un poco difícil la cosa y empiezan a predicar: “Bueno, hay que tener cuidado, porque las cosas, hay que pensar en algunas reformas”. ¿Reformas de qué?, si la Revolución es la más grande y extraordinaria reforma de la historia porque todo en absoluto se cambia[i] y en que además de esos “tontuelos”, también se evidencian los cipayos a sueldo, que andan por el mundo con un discurso aprendido, lleno de frasecitas embrolladas, elaboradas por las agencias del gobierno de los EEUU, destinadas a intentar confundir a nuestro pueblo, que repetir hasta el cansancio a fin de convertirlas en verdades vergonzosas; se hace necesario reiterar que a estos pretendidos cubanos, que actúan como mercenarios les falta el “condimento”, para ser considerados cubanos de verdad.

Con Martí aprendimos, que “el tigre de adentro se entra por la hendija (…) y que: “El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. (…)” y no queda otra que repetir que quién soslaye el pensamiento martiano y no intente al menos tratar de interpretarlo, no puede ser capaz de concientizar su condición de cubano y mucho menos puede tener la voluntad de serlo. Ya mencioné a uno de esos asalariados que viaja al país del norte a pronunciar sus peroratas, para que lo escuchen sus patronos y justificar sus mesadas.

Le toca el turno ahora a otra de esas que igualmente se han acogido a la generosa nómina del gobierno de EEUU. Se trata de Rosa María Paya, la que ha adicionado a su escarapela de “activista independiente”, otros títulos que nos permiten indagar “por donde le entra el agua al Coco”. Esta servidora del imperio entra y sale de Cuba con explícita facilidad para una persona que dice “vivir en un ambiente de represión y hostigamiento” y que por demás no trabaja. Cabe preguntarse cómo es posible que su vida este en “constante peligro” y pueda moverse con esa desenvoltura, ponerse en contacto con los que le pagan dentro y fuera del país y viajar como “turista disidente”, desplazándose por los EEUU y por otros países a expensas del contribuyente estadounidense (incluyendo en esto la plata para la pacotilla).

Esta señora vino a Cuba, formó el pataleo intentando “colar” en Cuba al otro asalariado Luís Almagro, tuvo que aguantarse de la brocha porque le movieron la escalera y la comedia de mal gusto se le vino al piso; regresó nuevamente al país que patrocina sus andanzas y allí vuelve a formar otra pataleta ahora con una ilusoria campaña anticubana, destinada –al igual que todo lo que han hecho con anterioridad- al más estrepitoso fracaso. Vale por tanto repetir una y otra vez que el solo hecho de haber nacido en Cuba no da la real condición de cubano, hay que tener conciencia y voluntad de serlo y actuar en correspondencia. Un asalariado del imperio está lejos de incluirse en esa honrosa condición.

[i] Fidel Castro Ruz, 28/01/1990, Clausura XVI Congreso de la CTC.

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