Vilma: ejemplo de vida y amor

Por Marilys Suárez Moreno, Revista Mujeres. Este 7 de abril, Vilma Espín Guillois cumpliría 87 años. Integrante de la vanguardia revolucionaria, sus ideas, enseñanzas y ejemplo, resultan imperecederos. De ella nos queda su imagen de mujer sensible, su valentía de luchadora clandestina, de guerrillera del Segundo Frente Oriental, de fiel intérprete y seguidora de las ideas de Fidel, y sus concepciones sobre la igualdad de género.

A Vilma se le percibe también aunando voluntades, alimentando, aglutinadora, como el corazón de la Federación de Mujeres Cubanas, convencida de lo que estas podían y debían hacer por sí mismas, sabedora de que el primer deber de la organización que presidiera era concientizarlas en sus luchas y responsabilidades ante la sociedad que iba  construyéndose.    

El 14 de julio de 1954 Vilma Lucila Espín Guillois realizó su último examen, para concluir sus estudios universitarios con el título de Ingeniera Química Industrial, una de las dos primeras mujeres en Cuba en graduarse de esa especialidad. Ese mismo año partió hacia los Estados Unidos a cursar un post grado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Finalizado el curso, la dirección del Movimiento 26 de Julio le orientó seguir hacia Ciudad México para entrevistarse con Fidel y trasladar a Cuba sus órdenes y mensajes.

Concluida su etapa estudiantil, la joven ingeniera, sin tiempo para ejercitar la profesión, comenzó en la lucha revolucionaria. Fue entonces combatiente clandestina en su natal y heroica Santiago de Cuba, bajo las órdenes de Frank País, máximo dirigente del Movimiento 26 de Julio en la clandestinidad y participó en el levantamiento armado del 30 de noviembre de 1956 en esa Ciudad (acción prevista en apoyo a la expedición del Granma), y una semana antes del asesinato de Frank, este la nombró coordinadora provincial del Movimiento en Oriente.

En febrero de 1957, Fidel reunió a la dirección clandestina del movimiento en la Sierra y redactó un manifiesto dirigido al pueblo de Cuba, informando la creación del Ejército Rebelde y los objetivos de la lucha. Casi al unísono, se produjo la transcendental entrevista de Fidel con el periodista norteamericano Herbert Mathews que demostraría al mundo la mentira de su muerte, proclamada por el batistato. Vilma estuvo presente en esa reunión y participó activamente en el cumplimiento de las órdenes que dio Fidel a Frank País, luego pasó al clandestinaje.

Combatientes de aquella lucha la recuerdan persistente y audaz desde los días lejanos del golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, cuando empezó a entender que su vida estaría al lado de su pueblo, de su Patria, de Fidel. La vieron luego burlando el acoso enemigo; temeraria, dando refugio en su casa a los perseguidos por el asalto al Moncada; desafiante ante el peligro; fusil al hombro desandando la Sierra; leal y fiel seguidora de las ideas de Fidel; comprometida todo el tiempo con la verdad y la justicia.

 Los que la conocieron en sus días clandestinos y guerrilleros, supieron de su entrega, valentía y audacia. Sus peligrosas misiones le exigieron cambiar el escenario de sus luchas, se incorporó posteriormente al Ejército Rebelde. Fidel lo dijo en sus Reflexiones, al conocer de su muerte: “He sido testigo de las luchas de Vilma. No la olvido en las reuniones del Movimiento 26 de Julio en la Sierra Maestra. Vilma No se inmutaba ante peligro alguno”. Alicia, Mónica y Débora, sus nombres de guerra, dejaron paso a Mariela, la valiente y eficaz camarada, encargada en 1958, de la atención y organización del movimiento clandestino en los municipios orientales del Segundo Frente.

 Vilma dejó tras sí la huella indeleble de su paso, multiplicado con pasión y sentido de compromiso. Como antes hizo en la clandestinidad y en la lucha guerrillera se entregó totalmente a la causa revolucionaria y desde las filas de la FMC se la vio inmersa en tareas y responsabilidades disímiles, atenta a cada detalle, como cuando se crearon los Círculos Infantiles en 1961 y ella lo mismo discutía sobre cómo iban a quedar estructuradas esas instituciones, hasta el tamaño de las tazas sanitarias que usarían los niños y el mobiliario acorde a sus edades que tendría cada Círculo.

Trabajó con visión de futuro en temas prioritarios, en particular, los referidos a su gestión en la Comisión Nacional de Prevención y Atención Social, cuya presidencia ostentó por años, y clamó en las más diversas tribunas internacionales por la igualdad de la mujer y los derechos de la niñez.

Hoy, no hay conquista femenina que no lleve su impronta. En su aniversario 87 de nacimiento, la recordamos sensible y humana; atenta a los deberes revolucionarios y a su inmenso trabajo, pero sin relegar sus responsabilidades de esposa y compañera leal de Raúl y madre de cuatro hijos y ocho nietos.

Este es el legado de una mujer cuya entereza, ternura y tesón afianzaron los caminos de la identidad nacional desde su fecunda e inolvidable existencia.

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