Periodistas “independientes” o agentes enemigos

Por Luis Miguel Rosales, miradas Encontradas.  Cada 1ro. de mayo el pueblo combatiente, presidido por la clase obrera, sale a las plazas de todo el país para manifestar su apoyo a la Revolución y al Socialismo. Este año desfilaron más de 6 millones de cubanos en ciudades y pueblos de toda nuestra geografía, 800 mil de ellos lo hicimos por la Plaza de la Revolución, con Raúl en la tribuna y Fidel en el corazón. Se trata de una incuestionable demostración de nuestra decisión sobre la base de un proyecto político bien definido, de edificar una Nación socialista, soberana, independiente, democrática, próspera y sostenible.

Mientras eso sucede, en la otra acera sigue proliferando el mezquino servilismo latente en el comportamiento de los integrantes de los grupúsculos contrarrevolucionarios quienes, para asegurar el condumio cotidiano, se han dedicado al entretenimiento que sus amos definen como “activismo” y que el pueblo revolucionario cataloga simple y llanamente como “gusanería contrarrevolucionaria”. Así tenemos a los llamados “periodistas independientes”. Veamos a qué se refiere este absurdo calificativo. Raramente se trata de personas que saben cuál es la función de un verdadero periodista.

Por lo general se expresan de forma incongruente, utilizando pésimamente el idioma de Cervantes porque les resulta imposible utilizar el de Shakespeare (su predilecto) y casi todo lo que dicen son mentiras tan burdas que resulta imposible tragárselas a no ser que el oyente forme parte de la claque. Estos expertos en la genuflexión se declaran “independientes”. ¿De qué “independentismo” están hablando? Sus pataletas y cotorreos se emiten a través de la emisora radial anticubana que sufraga el Gobierno de  EE.UU. Dicho de forma más simple: los llamados “periodistas independientes” no son otra cosa que empleados del Gobierno de  EE.UU. ¿Cómo es posible actuar de forma independiente siendo asalariados de un gobierno extranjero?, ¿cómo es posible escribir “libremente” cuando todo el mundo sabe que para recibir su paga deben atenerse a un libreto previamente elaborado por los especialistas de la agencia de ese gobierno que se encarga de las campañas anticubanas y anti-cualquier cosa que no comulgue con sus intereses imperiales.

Veamos las cosas a la inversa. Si se tratara de un ciudadano norteamericano o de un extranjero residente permanente en los EE.UU., que quisiera trabajar para una emisora del Gobierno Revolucionario de Cuba, cuya línea editorial sea transmitir propaganda subversiva contra el Gobierno de los EEUU., tendría que inscribirse, según la ley de ese país, como un “agente al servicio de un Gobierno extranjero” para que su actuación, si lo aprueban, pueda ser catalogada como legal. Obsérvese que me estoy refiriendo a lo mismo que hacen los llamados “periodistas independientes” que trabajan para la emisora del Gobierno de los EE.UU. cuyo único objetivo es subvertir el orden interno en nuestro país. Entonces ¿a cómo tocamos en este juego de atributos remunerados y títulos melosos aparentemente inofensivos?

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