Lecciones para un 9 de mayo

 

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Por Juana Carrasco Martín, JR.  La ofensiva de la oposición en Venezuela es brutal y tiene un solo objetivo, derrotar a la Revolución Bolivariana. Le vira la espalda a la convocatoria constituyente, porque siguen las órdenes de la derecha internacional, y en sus métodos se asemejan al de aquellas hordas que dieron origen al fascismo que provocó la 2da. Guerra Mundial.

Se multiplican los desmanes contrarrevolucionarios de unos encapuchados que emulan a las camisas pardas de Hitler, mientras un coro mediático —nativo e internacional— les sirve de plataforma para adormecer con mentiras a la conciencia mundial. Arrasar es la palabra, y ocurre cuando —paradójicamente— el mundo conmemora la victoria sobre aquella barbarie que asoló a Europa y se extendió por Asia y otros continentes.

Ahora se trata de llevar a la América Nuestra a semejante destino, comenzando por Venezuela, pero con la mirilla también en otros pueblos desobedientes al imperio por soberanos.

Se exalta la violencia, calientan la calle, queman, destruyen, acosan, y de combustible se sirven de la sangre de 37 fallecidos, dicen que por la represión, cuando la mayor parte de ellos eran chavistas e incluso cinco jóvenes de las fuerzas del orden público fueron ultimados por los encapuchados, los que siguen un viejo guion de quienes defienden o quieren recuperar perdidos privilegios de explotación, cuyo prolegómeno o acto inicial se conoció en 1871, con la bestial arremetida que ahogó en sangre a la primera revolución proletaria de la historia: la Comuna de París.

Quieren la guerra, una guerra civil, de hermanos contra hermanos. A eso también quisieron llevar a Cuba en los primeros años de la Revolución y fue contundente la respuesta del pueblo. A esa destrucción llevaron a Europa y las fuerzas soviéticas —fundamentalmente— destrozaron a las huestes de lo malvado aquel 9 de mayo de 1945.

La mano no les puede temblar a los revolucionarios, tampoco debe ser mezquino el apoyo y la solidaridad de quienes se dicen de izquierda y les preocupa más lo que publica una prensa manipuladora que las verdades de una Revolución hecha para el pueblo.

Recuerden aquellos versos de Bertolt Brecht: cuando acaben con los «otros», vendrán por ti.

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