Brasil y Venezuela, doble moral de la OEA

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La época. La semana que concluye ha estado demasiado movida en América Latina y nada indica que se vaya a retornar a niveles de normalidad en los próximos días: el gobierno bolivariano de Nicolás Maduro está apretando el acelerador en la organización de la Asamblea Constituyente para construir, sobre bases demasiado complejas, un escenario de diálogo para la pacificación del país. En Brasil se ha desatado un escándalo al más alto nivel al revelarse conversaciones entre el presidente Michel Temer y un empresario con el objetivo de comprar el silencio de un aliado suyo que sabe mucho sobre hechos de corrupción y que se encuentra detenido.

 La posición de la OEA y su secretario general, Luis Almagro, se ha mantenido en su férrea oposición al presidente Maduro, a quien no le han bajado la parada de “dictador” y responsable de las cerca de 50 muertes de ciudadanos y ciudadanas de ese país desde el 1 de abril. Sin embargo existen demasiadas evidencias materiales de que un porcentaje importante perdió la vida sin haber participado de las protestas antigubernamentales y otro que emulando los “falsos positivos” de Uribe en Colombia han sido bajas provocadas por sicarios contratados por sectores radicalizados de la oposición con el objetivo, claro está, de echarle la culpa al gobierno bolivariano.

 En Brasil, el escándalo que compromete a Temer no solo ha merecido la negativa del presidente brasileño a renunciar tal como se lo pide la oposición y fracciones del propio bloque de derecha que lo respaldó tras el golpe de Estado contra Dillma Rousseff, sino que se ha desplegado equipo policial para “disuadir” y “disolver” las protestas que se extienden cada día por todo el inmenso territorio del país sudamericano. La situación es tan delicada que las posibilidades de recurrir a la sucesión constitucional se ven radicalmente disminuidas debido a que tanto el presidente del Senado como de Diputados se encuentran denunciados por casos de corrupción.

 Lo extraño de este cuadro es que la OEA no puede ocultar su doble moral. Mucho menos el secretario general Luis Almagro. Manipulados y presionados por el “empleado de alta jerarquía” de la OEA, un grupo de países ha viabilizado la convocatoria a una reunión consultiva de Cancilleres con el objetivo de tratar la situación “insostenible” y la “crisis humanitaria” de Venezuela. Este grupo de 18 países, liderados por EEUU a través del uruguayo Almagro buscan activar la Carta Democrática Interamericana contra Venezuela. Para nada cuenta la propuesta de buscar en la Constituyente el espacio del diálogo para la solución de la tensa situación. Empero, el organismo regional y su secretario general mantienen un silencio cómplice con la situación de Brasil, donde en cualquier momento la violencia se puede activar y desbordar.

 En Venezuela y Brasil las elecciones presidenciales deben llevarse a cabo en 2018. Al Maduro se le quiere forzar el recorte del período de su mandato, a Temer no solo que no se le pide adelantar elecciones sino que, hasta antes de desatarse el escándalo, se le estaba permitiendo la posibilidad de ampliar su mandato hasta el 2020 con el argumento de hacerlo simultáneo con la de gobernadores.

 A todo eso no resulta extraño que la OEA y Almagro sean criticados por la doble moral ante éstos y otros hechos registrados en el continente, como es el caso de la injusta y arbitraria detención preventiva de 9 ciudadanos bolivianos en un centro penitenciario en Chile y en la que el organismo regional no se ha pronunciado en ningún sentido.

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