Dos héroes para un 14 de junio

Resultado de imagen para maceo y cheEl Che y Maceo son dos hombres indispensables de la historia de Cuba

Por Pedro Antonio Fernández García, Cubahora. Años después el combatiente comunista Fabio Grobart confesaría a un periodista que aunque había oído grandes discursos sobre Antonio Maceo, entre ellos uno de Salvador García Agüero en el parlamento cubano antes de 1959, el que más lo impresionó fue el que le había escuchado al Che.

Sucedió el 7 de diciembre de 1962, pocos días después de finalizada la Crisis de Octubre o de los misiles, como también se le llama, un momento “luminoso y triste”, el calificativo es del propio Guerrillero Heroico, en que el mundo estuvo a un tantito del holocausto nuclear.

Al intervenir en el acto homenaje al Titán, Che afirmó en uno de sus párrafos iniciales: “Hoy, que estamos en la tarea de la construcción del socialismo en Cuba, que empezamos una nueva etapa en la historia de América, el recuerdo de Antonio Maceo adquiere luces propias”.

“Empieza a estar más íntimamente ligado al pueblo y toda la historia de su vida, de sus luchas maravillosas y de su muerte heroica, adquiere el sentido completo, el sentido del sacrificio para la liberación definitiva de este pueblo”.

Para el Che hay dos momentos en la vida del general mambí que lo definen como dirigente revolucionario y genio militar. El primero de ellos es “cuando se desintegra el Ejército de Liberación y se firma la Paz del Zanjón, Antonio Maceo expresa la Protesta de Baraguá”.

“Contra todas las corrientes, contra todos los conformismos, contra todos los desesperados que querían alcanzar algún tipo de paz después de 10 años de lucha […], solo trata de seguir la lucha en condiciones imposibles”.

En el 95, añadía, “se preparó la segunda de las hazañas definitorias de la vida de Maceo: la Invasión […] Combatiendo sin cesar día a día, resistiendo a pie firme en otras jornadas, Antonio Maceo cruzó la Isla de una punta a otra y llevó el fuego revolucionario a provincias que no lo habían conocido en la otra etapa de la guerra de liberación”. ”.

El Che alertaba que con el triunfo revolucionario de 1959 no había “acabado la tarea de la liberación de Cuba. Mientras el enemigo imperialista mantenga su apetito, sus deseos de destruir la Revolución, tenemos que seguir en pie de guerra”.

“[…] Sigue para nosotros, tan viva y tan presente como en los días de la gesta gloriosa del 68 y el 95, la historia y los ejemplos de Antonio Maceo y de todos los hombres de aquella época, que lucharon 30 largos años por dejar los cimientos de lo que hoy estamos construyendo”.

Azares concurrentes

Por uno de esas casualidades de la historia, hay  efemérides en las que podemos relacionar a relevantes personalidades de la humanidad, distantes en tiempo y espacio, y a la vez ello nos ofrece la justificación periodística de subrayar sus afinidades y coincidencias.

Tal es el ejemplo que hoy nos ocupa, 14 de junio, cuando conmemoramos el nacimiento de Antonio Maceo, en Santiago de Cuba (1845), y del Comandante Ernesto Che Guevara, en Rosario, Argentina (1928).

Entre el médico nacido en el cono sur y el agricultor del Oriente cubano pueden hallarse más de una afinidad. Ambos coincidieron en sus prevenciones hacia los Estados Unidos: Che aconsejaba a no confiar en el imperialismo “ni un tantito así”; Maceo advertía: “Mejor es subir o caer sin ayuda, que contraer deudas con vecino tan poderoso”.

El Guerrillero Heroico alertaba que Washington siempre batallaría por no dejar consolidarse al poder revolucionario en Cuba. “Tratarán de dividir las fuerzas revolucionarias, introducirán saboteadores de todo tipo, intentarán ahogar económicamente el nuevo Estado, aniquilarlo, en una palabra”.

En las intervenciones del Che es común encontrar la célebre frase del mambí: “Quien intente apoderarse de Cuba, recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha”.

La intransigencia revolucionaria y su “inmensa fe en la victoria” fueron las cualidades que más destacó en sus referencias sobre el General Antonio, a quien calificó de “ejemplo de un revolucionario que lucha por la liberación de su país”, como lo reitera una y otra vez en sus análisis sobre la Protesta de Baraguá,

Para Maceo, “la libertad se conquista con el filo del machete, no se pide; mendigar derechos es propio de cobardes”. Años después, en otra plena coincidencia, Che afirmaba: “jamás debemos ceder a la tentación claudicante de ser los abanderados de un pueblo que anhela su libertad, pero reniega de la lucha que esta conlleva y la espera como un mendrugo de victoria”.

A los latinoamericanos de su tiempo, advertía: “Podrá ser o no el momento para iniciar la lucha, pero no podemos hacernos ninguna ilusión, ni tenemos derecho a ello, de lograr la libertad sin combatir”.

Maceo, ferviente latinoamericanista, modalidad bolivariana y hemisférica del internacionalismo, solía decir: “Cuando Cuba sea independiente, solicitaré al Gobierno que se constituya permiso para hacer la libertad de Puerto Rico, pues no me gustaría entregar la espada dejando esclava esa porción de América”.

“El internacionalismo es un deber, pero también es una necesidad revolucionaria”, agregaría Che décadas más tarde. “Mientras que quede en América Latina, o tal vez mientras quede en el mundo, un agravio que deshacer, una injusticia por reparar, la Revolución Cubana no puede detenerse”, añadiría.

Cada cubano, para el Che, debe sentir en sí “todos los males de este mundo oprimido que nos ha tocado vivir, debe hacer suyo los sufrimientos de pueblos que, como el nuestro hace pocos años, levantan la bandera de la libertad”.

 

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