Agentes, buscavidas y otros lacayos del imperio.

Por J.M del Río. Como sabemos, para enunciar su “nueva” política hacia Cuba Donald Trump, se rodeó de un hatajo de politiqueros incompetentes, terroristas convictos y confesos, buscavidas de la ralea de los “vermes intestinales”, apátridas con almas de anexionistas, académicos de café con leche y algún que otro “tonto de capirote” que deambula por ahí sin una idea clara de donde poner el huevo.

Con esa plebe se rellenó el teatro Manuel Artime de Miami el pasado 19 de junio, cuando finalmente el Presidente montó su show y, para variar, profirió un discurso plagado de mentiras y de sandeces, destinado únicamente a complacer al “ilustrísimo” público allí presente, que más que una representación, era prácticamente casi todo lo que queda de esa enmohecida y decadente contrarrevolución llamada cubana, que resta en ese “norte revuelto y brutal que nos desprecia”.

El Presidente mencionó en su discurso a algunos de esos lacayos que equivocaron su lugar de nacimiento y que coreaban entusiasmados con un servilismo delirante: “U.S.A, U.S.A., U.S.A…”, cada vez que el mandatario profería alguna de sus provocadoras groserías contra Cuba y como muestra de a quienes me estoy refiriendo, voy a mencionar a un par de granujas quienes, ni cortos ni perezosos, cumpliendo las orientaciones del oficial de caso que los atiende, se apresuraron en rendirle pleitesía a su nuevo mandamás por aquello de que «ahora sí, ahora si…que le llega el final al “castrismo”».

Uno de ellos es el conocido agente de la CIA Carlos Alberto Montaner Suris. Este alacrán malojero cuando aún estaba en Cuba en la década de 1960, compartió la jefatura nacional del frente de acción y sabotaje del grupo “Rescate Estudiantil” y entre sus fechorías más notables estuvo la colocación de bombas en tiendas y cines de La Habana, enmascaradas en cajetillas de cigarros.

¿Será que Trump desconocía estos “actos heroicos” de este caimán de paso? Claro que para Trump y 11 sus predecesores este es un “terrorista bueno”, porque está con ellos. El otro verme intestinal, que siempre ha vivido muy a gusto como parasito “en las entrañas del monstruo”, es el “académico de corte y pega” Jaime Sushlicki, que de subordinado de la firma Bacardí, con apoyo de la CIA, pasó a ser Director del Instituto de Estudios Cubano y Cubano Americano (ICCAS) desde donde, como maquinita que produce churros, salen “estudios” con la finalidad de brindarle un matiz “académico” a la sarta de idioteces y mentiras que se dicen contra Cuba por los encargados de trazar y ejecutar las políticas anticubanas.

Terminando de hablar Trump, de un trancazo, el ICCAS convocó a un grupo de estos “inventa cuentos académicos”, a una conferencia donde se analizaron «los pros y los contras de la “nueva política” del gobierno de los EE.UU contra Cuba», anunciada por el nuevo mandamás. Allí estuvieron además algunos de los “buscavidas” de la llamada “disidencia interna” que “casualmente” se encontraban vacacionando en Miami y como era de esperar los copistas del “cuenta-cuentismo” anticubano, llegaron a la conclusión de que eran más los “pros” que los “contras”, mientras que el alacrán malojero por su parte, apostilló que “Trump había estado muy acertado con su nueva política hacia Cuba”. Pienso, después de analizar este menjunje excremental (y este es un criterio personal), que Trump, con su sarta de burradas, nos ha hecho el favor de mostrarle a los despistados que aún tenemos por aquí, que deben acabar de aterrizar porque como dijo el Che: “no podemos confiar en el imperialismo… ni tantico así…”

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